domingo, 21 de octubre de 2012


Protestas y manifestaciones

En Uruguay las manifestaciones ya alcanzaron el tope, ya no es una protesta por los derechos o un llamado a las autoridades para que encaminen una solución a cuestiones del  pueblo. Se forma un desfile liderado por algunos que deben de tener una razón y una masa que acompaña.
Y ese es el problema, la mala imagen que generan. Se pierde el mensaje y se torna violento. La idea principal es cortar bruscamente con las acciones cotidianas para presentar una inquietud que aqueja a varios y no se logra, ya que en medio de esta “alegórica marcha” vemos circular y consumir bebidas alcohólicas como si se estuviese festejando.
Se promueve un ambiente violento, tener que presenciar una manifestación es agotador, pero si los manifestantes adquieren una actitud de jolgorio enfurece. Y aquí es donde empiezan los inconvenientes, el odio a las manifestaciones: querer llegar, hacerlo tarde, esperar mucho tiempo, saturación de calles, etc.
Hay organizaciones que utilizan marchas para presentar sus ideales, los antecedentes de las protestas no dejan que estas lo logren. Incluso que las mismas no lo puedan hacer. Se pierde el sentido y la importancia.
A nivel mundial están abarcando molestias masivas, según información que brindó el sitio web www.diariocritico.com España es aquejada por unas 192 mensualmente en el año 2012, que junto a Berlín, donde se convocaron 4174 para el 2011, encabezan las ciudades más aturdidas de Europa, igualmente es cierto que la crisis ha sido un disparador.
Igualmente del lado opuesto del mundo el tema es organizado, reglamentado está no inferir en el senado, parlamento o sedes del congreso para no alterar su normal funcionamiento. Así, en Alemania la ley federal establece una zona de seguridad y exclusión que restringe el derecho de reunión en torno a los organismos constitucionales.
“Todas las legislaciones europeas recogen la manifestación como un derecho fundamental”. En Uruguay también cumple una función significativa, perderla sería lamentable.



Sofía Rodríguez

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